REVISTA-IDMA-2024-005

En dicho seminario, diversas organizaciones latinoamericanas suscribieron la llamada “Carta de Torres”, comprometiéndose a promover mecanismos de garantía para la producción orgánica y/o agroecológica en sus respectivos países. Este esfuerzo buscaba facilitar el acceso al creciente mercado de productos saludables y dar mayor reconocimiento, en una escala más amplia, a la calidad de la producción de campesinos, campesinas, pueblos indígenas y otros pueblos tradicionales del continente. A partir de ese momento, surgió un movimiento en torno a los SPG en decenas de países de las Américas. Brasil fue el primer país en incorporar este método de certificación (y generación de credibilidad) en su legislación, seguido por Chile, Bolivia, México, Paraguay, Uruguay, Costa Rica, Perú, entre otros. Cada uno de estos países adaptó el modelo a sus realidades económicas, sociales y culturales, manteniendo a la vez los principios acordados internacionalmente. Un modelo de éxito para los mercados locales y más allá La trayectoria de los SPG muestra un éxito tangible. Hoy en día, miles de personas han visto reconocida la calidad de su producción (de forma sana y justa) en diversos mercados, gracias a este modelo. Ferias de productos orgánicos y/o agroecológicos se han multiplicado por toda América Latina, y cooperativas organizan tanto la producción como el consumo en innumerables comunidades de distintos países. Además, las tiendas gestionadas por organizaciones productoras, consumidoras o emprendedores son cada vez más visibles en el mercado de productos saludables, cuyo crecimiento ha sido significativo en las últimas dos décadas. Un logro destacable es que varios gobiernos ya reconocen la validez de los SPGs para adquirir alimentos destinados a escuelas y hospitales, ampliando así su alcance y legitimidad. Sin embargo, los SPG no solo abren mercados para la producción campesina, sino que también son instrumentos para fortalecer redes locales de conocimiento. Estas redes permiten abordar temas clave que van más allá de la producción, como la equidad de género, el reconocimiento del trabajo de mujeres y jóvenes, y el respeto por los saberes ancestrales. 23

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